miércoles, julio 06, 2005

luz verde

Acabo de volver de la embajada. Arrastraba una pila de formularios completos y firmados y empezaba bien atrás la primera de tres largas filas. Adelante, gente de todo tipo esperaba su turno y alguna excusa, cualquiera, para comenzar un diálogo y romper el aburrimiento y olvidar el frio. Para algunos era más fácil, se habían procurado un acompañante o encontraban a un conocido, o simplemente les salía con naturalidad encontrar alguna coincidencia que disparase una conversación: pedir la hora o una lapicera siempre ayuda.
Segunda etapa y todavía bastante aburrido.
Tercera etapa. Finalmente adentro, ahora en un cuartito con muchas sillas alineadas y todos salvo un par de lugares ocupados. Esperaba que se disparara la coincidencia, estaba tardando demasiado. De pronto, alguien, sentado en mi misma fila, pero en el extremo opuesto me pregunta se iba por estudio. Sí, le contesto, y le devuelvo la pregunta. Resulta que había aplicado a Chicago pero se va para Atlanta. Tengo conocidos, me dice. Adelante, alguien nos oye y se une a la conversación. Hola, Ariel, tambien a estudiar me dice, doctorado en lenguas romances. Y nos presenta a un inglés que conoció hacía 10 minutos. Se nos unió otro más y terminamos hablando del frío de Chicago, los dormis de UM y la vida cultural en París. Esa media hora fue bastante mejor que el resto. En dos o tres días me envían la visa.