lunes, agosto 01, 2005

En el juego de la silla uno se sienta donde puede

Todavía hoy hablamos de derecha e izquierda, una división espacial que heredamos de la geometría de la revolución francesa. Claro, el destino hizo que los asientos de los más radicales parlamentarios durante la revolución francesa estuvieran en la parte izquierda del recinto.

En el juego se forma un círculo con las sillas, y siempre hay una silla menos que jugadores en el juego. No hay izquierda ni derecha, porque es un círculo completo. Y todos se pelean por quedarse con un lugar. Lo que uno gana lo pierde otro.

Aunque los conceptos de izquierda y derecha estén bastante desdibujados, no solo en este triángulo sudaca sino en el mundo entero, es importante conservar ciertos parámetros si queremos establecer un rumbo, cualquiera. Claro que a un capitán no le alcanza con gritar "más a la derecha, más a la izquierda", tiene que haber una estrella del sur, un algo compartido y fijo que sirva de guía última. A los que me tildan de iluso, y hablan de realpolitik (ganar es el fin, el resto son etiquetas dicen) váyanse al carajo. Es verdad que las etiquetas de derecha e izquierda hoy son más un peso que otra cosa a la hora de ganar elecciones, y hasta me resigno a aceptar esa pedorrada de "centro-derechas" y "centro-izquierdas".

Pero dejar de jugar a los disfraces e identificarse con una etiqueta representa al fin un compromiso con todo un cuerpo de ideas, de las cuales las económicas son solo consecuencia. Implica una postura frente al aborto, a las drogas, el matrimonio gay, la ecología, la educación pública, la desigualdad del ingreso, la defensa nacional. No solo una postura sino también el arsenal de instrumentos para encarar estos temas. No es un debate de ideas. Cada ciudadano tiene una postura frente a estas cuestiones, y se debería demandar que los representantes hagan públicas las suyas.

A los que contestan "todos esos son problemas administrativos, de eficiencia y no de posturas ideológicas o éticas" se equivocan. Siempre existen trade-offs, se deben sacrificar ciertas cosas por otras, y no hablo solo de partidas presupuestarias sino también de libertades individuales. Eso es inevitablemente un problema ético. Y por ahora quienes terminan resolviendo esos problemas éticos (bastante para el ojete por cierto) no siempre comunican abiertamente sus posturas individuales.

Gracias L. por recordame como era el juego de la silla.