jueves, abril 20, 2006

Cuarta vez

Cuarta vez que entro a esta página, con la intención de escribir algo, algo impele el cuerpo entero a la sentadez y la escritura, pero qué. Es que me bajé un pilón de canciones de Miles Davis, quería escuchar JAZZ, y recién ahora, nueve de la noche, después de un día largo, puedo escucharlas, piano, percusión y un monstruo saxofoneando improvisaciones, monólogo ininterrumpido de orquestaciones instrumentales, algo tengo que escribir, pero sé muy poco de Miles Davis, lo cual me apena, y aunque la pena me impele a literarme, prefiero esta temporaria ignorancia, literarme a través de los sonidos y no de las letras del libro, y me río, porque no dejo de acompañar con la cabeza los jazzimientos impredecibles del monstruo saxofonístico, y no quiero que acabe, y pensar que estoy en la ciudad del Jazz y del Blues, y me apena todavía no haberme metido en algún sótano barsístico del dowtown para oir desde una esquina a estos fieles artistas desconocidos continuadores de una musicalización sin guión. Y el piano empieza y se opone al saxo, ahora es protagonista, y las palabras están de más, por eso tampoco hay voz, no hace falta, la palabra casi siempre es especificación, especifica, determina, y esto es demasiado a la vez, palabrearlo es aniquilarlo, aun la metáfora, el doble sentido, no alcanza, porque estos son mil significados y sentidos, tactilo-vista-olfatiza-gustación-auricular. Además se me acabo el vino del vaso.