viernes, agosto 08, 2008

la necesidad de convidar

La idea circunnavegaba sin izar banderas ni velas, sin mostrarse ni hacerse evidente a pesar de su insistente recurrencia, y elastica, se alejaba diagonalmente hasta hacerse diminuta y luego volver entre sombras a tus espaldas cuando la mirada reposaba en sillas, caras, cosas concretas tridimensionales, y te olvidabas por horas o dias, pero la mente es hemisferica y la idea circunvala lenta e inevitablemente, aunque siempre eliptica, y vuelve indefinida como cuentos de la infancia. Hizo falta un solo disparo. El proyectil quirurgicamente apostado por un cestrum nocturnum, el olor de frutos que solo despiertan por la noche, disipo el letargo de anios inodoros. Todo seguia igual de oscuro, eran casi las dos de la maniana y en Beijing hacia horas comenzaron los juegos olimpicos. Los proximos juegos van a ser en Londres y quiza la ciudad entonces tambien convide a otros epifanias como esta que ahora comparto. O quiza no. La idea era escribir un cuento. No la idea de un cuento, sino la idea de accionar el cuerpo hacia la realizacion de un cuento, cualquiera. Disfrutamos el jazz por la espontaneidad sin guion de instrumentaciones armonicas, de dialogos, y nos place la recurrencia de cierta melodia, y nos place mas tarde encontrarle sentido a la obra, pero esto segundo nos place diferente, como la diferencia entre el goce de las cinturas y el goce de reconstruir mentalmente una cintura. 

Ines me dijo que no iba a funcionar. Que el fragmento anterior nunca podria ser parte de un cuento porque las personas no hablan de esa manera "tan llena de adjetivos, y asi, con tantas comas". Yo sirvo dos vasos mas de Johnnie Walker, la botella que trajo Diego, mientras la escucho desacrar cada oracion. Estamos en casa, es sabado y en Londres la lluvia volvio a ser excusa para no recorrer la ciudad, aunque pasamos por The National Gallery con cierto desgano como para verificar que los atardeceres de Turner siguen ahi colgados y me sorprendi pidiendole a la mujer que alquilaba los aparatitos con guias del museo que me diera el mio en ingles por favor, y no en espaniol. Cuando Ines me vio volver a la mesa con los dos vasos y una sonrisa, se enojo.