domingo, diciembre 13, 2009

Aida Nocturna era un ave diurna. Le molestaba enredarse en encuentros nocturnos, preferia el dia, y no era la oscuridad o el cansacio lo que la fastidiaba, se sabia mas alerta durante el dia y despues de decadas de salidas e intentos abrazo con fuerza la realizacion de que cuanto pudiera hacerse de dia no valia la pena postergar hasta despues del aterdecer. Mientras esperaba en el transito, su automovil estanco en una cadena ininterrumpida y lenta, apago la radio y disfruto del silencio. Alvaro la esperaba en casa. Su agente acababa de llamarla, le dijo que su ultima obra seria presentada en Cannes, tenia menos de treinta anios, una sonrisa inefable y una multitud de ideas multiplicandose y pidiendo a gritos hojas en blanco y repuestos de biromes vic negras, las de tapita blanca cuyas puntas masticaba intempestivamente.

Habia trabajado desde la adolescencia, escribiendo, pintando y filmando maquinalmente para salirse de la pobreza, el arte era su bote, y aunque adornado a la medida de su mas propio temperamento, de su Ser ella decia sin saber entonces que significaba aquello, seguia siendo un bote que debia sacarla por fin del delta laberintico del Buenos Aires mas humilde, y sabia que cuando las avenidas anchas de Libertador la recibieran, cambiaria de bote, nada malo en aquello. Por fin llego a casa, abrio el porton electrico y estaciono el Audi.