sábado, diciembre 12, 2009

el solipsismo de Alvaro Iturralde

Alvaro habia pasado semanas tallando arboles, se internaba en el bosque con un cuchillo y jugaba descortezando vientres de robles que se dejaban tatuar mensajes sin ofrecer resistencia, y cuando se cansaba salia del bosque y volvia a la ciudad, a su trabajo. Todos tenian secretos. Alvaro estaba insatisfecho y queria producir algo enteramente propio, imponer reglas en vez de disfrutar espectatorialmente de las suculencias que se ofrecian en estanterias y alacenas ajenas. A mi me alcanzaba muchas veces pensar que pensar una coma en otro lugar podia hacer que la enteridad de una novela se vuelva mia y sea infinatemente diferente a las demas pensadas o escritas. Por eso a Borges le molestaban tanto los espejos, quiza por creer saber que aunque no lo duplicaban, se acercaban peligrosamente a lograrlo, y pese a alejarse imaginacionalmente de antepasados nordicos o indigenas en laberintos inventados, el reflejo de algo seguiria alli, sin poder ser apagado - eso era el infinito, y no acabaria ni siquiera con su muerte, a menos que alguien apagara la luz dijeron cargosamente. Alvaro no sabia, pero dos semanas antes habia descubierto el inefable 'solipsismo de las mentes', cuando su mujer se fue, sin decirle nada y sin haberle insinuado siquiera una mueca de resentimiento o enojo. Ella estaba en Roma, convertida en otra, atendiendo a la voz que interiormente le dijo una noche que renaciera y se hiciera nube, que volara lejos y comenzara a actuar, o al menos a dar dos o tres o cuantos pasos al costado necesitara para sentirse parada ya en el sendero correcto. Alvaro estaba extasiado. Por fin encontro lo que buscaba, encontro el misterio que creyo suyo resolver, y mientras otros, todos, se consolaban con interlocutar con su propia voz interior, el descubrio que hacerlo con otros no alcanzaba, que las palabras, la interminabilidad de momentos compartidos era insuficiente, que no habia forma de saber quienes eran los otros, desde los tipos sencillos que le sonreian cuando compraba fasos en el almacen hasta las mentes cuya agilidad parloteante habia pulseado durante toda su vida gustosamente en debates vaginalmente teatrales y de los que volvia con la plena conviccion de que la verdad estaba en la dualidad del dialogo, que solo podia salir de la colision de ideas verborrageadas por voces diferentes, y cuanto mas diferentes mejor. Pero antes no se habia preguntado quien realmente era ese otro. Y ahora si? Descubrio otro juguete, otro orificio escondido que debia ser explorado, que se trifurcaba elipticamente y llevaria una vida recorrer, y que no requeria levantarse del sillon, quiza.